viernes, 19 de enero de 2018

MI DISCO FAVORITO DE...



BUNBURY. 

Las Consecuencias (2010) 

Contra viento y marea.

Hablar de Enrique Bunbury se me hace muy difícil. Primero porque infunde respeto, porque hablar de él a estas alturas es hablar de una leyenda viva del rock nacional ( es así le pese a quien le pese) y segundo porque su figura y su obra , ya sea con Héroes del Silencio o en solitario, me acompaña desde hace mucho tiempo. A estas alturas diría que desde hace demasiado tiempo, como algo más allá de la mitad de mi vida. Ojo.

He crecido con él y la sensación es que su evolución musical ha sido paralela a mi evolución sentimental, a mi formación como persona, que no es decir poco. En plena adolescencia sólo él, con su arrogante juventud, con sus marcadas poses, con sus uñas pintadas de negro y con ese halo magnético que desprendía como de estar de vuelta de todo al frente de los Héroes me enseñó lo que significaba ( y el peso que conllevaba) reafirmar tu personalidad contra viento y marea. Y que te la pele el qué dirán.

Luego llegó aquel punto y seguido, en la cresta de la ola, y la sensación fue de..¿y ahora qué? Su respuesta no tardó en llegar: Radical Sonora. Toda una declaración de intenciones ya desde el título. A lo Bunbury, con un par; ¿Os quejáis del fin de Héroes? Pues ala, a tomar por culo aquel Enrique: me rapo la cabeza y le meto a la electrónica. ( ojo, a dia de hoy me sigue pareciendo un discazo). Aquel disco fue el pistoletazo de salida de su carrera en solitario, y como sucedía en mi vida, su “nueva” personalidad se la fue ganando a base de ostias, a base de enayo y error, de tesón y de esfuerzo. Si, contra viento y marea.

Llegaron Pequeño (el disco que salvó a Bunbury, como escribiría años después Josu Lapresa), Flamingos, El Viaje a Ninguna Parte y, después de una pequeña crisis personal, se inicia la etapa del Puerto (referente al Puerto de Santa Maria, Cádiz); primero con El Tiempo de las Cerezas, un disco mano a mano con Nacho Vegas y después con Hellvile de Luxe. En todos estos discos hay canciones excepcionales en las que sentirme reflejado, en todos ellos Enrique se dejó la piel (como en todo lo que hace) y se nota, de todos ellos aprendí, gozé y disfruté en directo, con todos ellos he vivido momentos preciosos y todos ellos me acompañarán a lo largo de mi vida. Pero entonces, muy seguido y casi sin hacer ruido, llegaron Las Consecuencias y lo pusieron todo patas arriba.

Las Consecuencias son inevitables. 

Explicaba Nacho Vegas que cuando grabaron El Tiempo de las cerezas un periodista le preguntó qué rasgo destacaría de Enrique. Él respondió la fragilidad. La fragilidad se puede mostrar cantando como lo hace Enrique en este disco, diciendo las cosas que dice en este disco, acompañando las canciones de Las Consecuencias como lo hizo en este disco. Decía Nacho que podías ver sus dudas al cantar. Y ,como acostumbra Nachín cuando habla de sentimientos y sensaciones, da en el clavo. Dudas y fragilidad, nada podía definirme mejor por aquella época. Y ahí estaba el muy cabronazo de Bunbury, mi colega de toda la vida, mi hermano mayor, el muy traidor, hasta las cejas de acústicas, pianos e instrumentos de cuerda, para cantármelo (mejor que nunca ) al oído.



Las Consecuencias es un disco oscuro. “¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? / también de vez en cuando está bien asustar un poco”  canta Enrique bajo unos austeros acordes, suave y firme a la vez, reclamando el derecho a expresar libremente sus opiniones por encima de quien sea, por erróneas que parezcan: aunque duelan. Existe una lucha emocional en todo el disco, hay desengaño y hay rabia contra uno mismo. Hay arrepentimiento y si; hay poco esperanza.

Como si abriera los ojos, recién despierto, , el violín con el que empieza Ella Me Dijo que No ahonda en la herida que se ha abierto; “No es posible el amor como una destrucción...” Y nos habla de huídas y de las cosas que hay que hacer con tal de no volverse loco y perder definitivamente la cabeza. No sé quién lo escribió, creo que Juan Ramón Jiménez, pero si eres de los que disfruta, como los cerdos, revolcándose en su propia mierda, no hay mejor canción que esta para “sentir que el dolor te toca de belleza”.

Hay algo en las letras del disco que lo hace más cercano, más accesible y por tanto menos hermético o menos sujeto a libres interpretaciones. Parece que Bunbury está siendo demasiado sincero. Se está “desnudando” ante nosotros haciéndonos partícipes de su inmolación, por eso canta como nunca. Por eso suena El Boxeador y la imagen del púgil lanzando ganchos de izquierda al aire, recibiendo los golpes de la vida, solo, en la playa,  nos resulta tan familiar y patética. Y hace que nos sintamos reflejados y por tanto avergonzados. Por eso, también, la versión de Frente a Frente (original de Jeanette) y que hace en el disco junto a Miren Iza , de Tulsa, no desentona en absoluto; “Frente a frente bajamos la mirada, pues ya no queda nada de que hablar...” Más decepción. Cero esperanza. Joder si es oscuro el disco...

21 de Octubre literalmente te parte en dos. Las cotas de desprecio hacia uno mismo son rebasadas (“eres el ser más culpable e inmoral,”, “sal de su vida, sal alegría, no hagas más daño a quien todo te dio...”) y es una de las razones por las que considero Las Consecuencias como un disco que duele demasiado y que hay que escuchar con cuidado. Guitarra acústica y voz. Sobretodo voz. Le sigue Lo que Más Te gustó de Mí, quizá la única de las canciones en las que Enrique ( tú y yo) se justifica ( nos justificamos) y en la que emplea un sonido más acorde con aquel lejano Pequeño que con la tónica general del lote; Si lo que antes te gustaba de mí es lo que ahora detestas no sé qué coño haces conmigo. De nuevo, reafirmación. Reivindicación. Aunque duela. Aunque nos cueste la vida.

También hay espacio para las guitarras rockeras en el disco, y la verdad es que después de tanta intensidad emocional, se agradecen. De hecho, un único atisbo de esperanza se cuela en el estribillo de Los Habitantes, antes de un solo descomunal, de pelos de punta, de Jordi Mena; “ y en mundos más allá, o en mundos venideros, nos echaremos de menos o envejeceremos a la vez.” De acuerdo, es un poco “una de dos”,  pero no se le puede negar la intención.

Es Hora de Hablar merecería un artículo aparte. Para el que escribe estas líneas si no es la mejor canción de Bunbury ( y ojo que hay unas cuantas ya ) sin duda sí es la mejor letra que le he leído. De hecho, qué coño, me permito el lujo de pegarla aquí mismo:

Es hora de hablar
de la quimera de otra vida.
De lo que no supimos expresar,
del trapecio que ante la nada oscila,
de tragedias y triunfos que duran un segundo.
de alterar el destino
y de la fábrica de hielo del olvido.

Es hora de hablar
de las cosas rotas que no puedo arreglar.
de que este humor no tiene que ver contigo,
que hace tiempo que nada acabar consigo,
que la fama es el opio del triunfador
y más vale suerte que talento.
y me basta este momento como una revelación.

Es hora de hablar
de las voces de los hombres y su engaño.
de la verdad como forma de violencia
del dolor y de la inocencia
del infinito entre tus brazos
y de los límites de mi cuerpo.
y el regateo de mi ficción... pura ficción.

Es hora de hablar
de la culpa y la madre del castigo
de hacerse viejo entre tus enemigos
del lento proceso de derrumbe
y que nunca hablamos de lo que hay que hablar.
de secuencias de presagios que se cumplen
y que quiero hacer muchas cosas por ti
las más posibles
las más posibles
las más posibles
las más posibles
las mas posibles

Es hora de hablar
de la quimera de otra vida...


Yo no sé si merece la pena comentar el texto. Es demoledor, brutal: Este humor no tiene que ver contigo (es algo mio, no eres tú, soy yo) , la verdad como forma de violencia, el lento proceso de derrumbe, el no hablar de lo que hay que hablar, es hora de hablar de la quimera de otra vida...madre mía, esta, amigo Enrique, queridísimo hermano, esta , y no otra, sí es una canción que duele (y no La Herida, por ejemplo, como decías en tus tiempos heróicos). El crescendo del tema es espectacular, desde la voz hasta el acompañamiento musical; a cada estrofa se va uniendo un instrumento: primero guitarra acústica, despúes acústica y piano, en la siguiente acústica, piano y eléctrica... a cada estrofa la voz de Bunbury crece en intensidad para llegar al climax final con esos “las más posibles” que emergen de las putas entrañas a modo de ruego desesperado. Con cada pequeña subida de decibelios, Bunbury se muestra más frágil. Esa es su manera de enseñarlo y esa es su magia. Hay mucha verdad en su interpretación, se puede oler, traspasa,  y es por eso, aunque muchos ni siquiera lo sepan, que a los que nos gusta su manera de cantar nos llega tanto.


Con De Todo El Mundo pone el broche de oro al disco, para mí ya es suficente...Una reivindicación de su caracter inquieto, una declaración de no pertenencia, quizá por temàtica bastante emparentada con lo Que Más Te Gusto de Mi (No tengo dueño / no soy tu eclavo / un poco tuyo / y de todo el mundo ) con una cadencia musical exquisita y de nuevo ( no me cansaré de decirlo) con una interpretación sublime.

Cierra con Nunca Se Convence Del Todo A Nadie De Nada. Para mi gusto anecdótica, sin más. Lo que no quita lustre a todo lo escuchado.

Después de Las Consecuencias Bunbury ha seguido a lo suyo,esto es: con cada nuevo paso  se olvidaba (en el sentido de seguir avanzando)  de lo creado hace dos días, investigando, probando, ayudando a los nuevos, haciéndose respetar, viajando, creando y regalándonos buenas versiones, buenos discos y canciones tremendas hasta llegar a día de hoy con su último trabajo;  Expectativas (2017) . Como he dicho antes, en todo lo que ha hecho siempre habrá algo que me toque especialmente de cerca, siempre conseguirá ese momento de subidón en el que poder exclamar un  “joder, qué bien transmite el jodío...” pero creo sinceramente que nunca podré volver a sentir tan a ras de piel las sensaciones que me generaron en su momento y me generan aún hoy en día, ya con suficiente distancia y en una época muy alejada de las circunstancias que me rondaban en aquel tiempo, las escuchas atentas de Las Consecuencias, mi disco favorito de Bunbury. Contra viento y marea...



“Creo que, a lo largo de los años, he investigado mucho, he tenido mis pequeños aciertos, mis errores monumentales; pero lo que, efectivamente, nadie me podrá quitar nunca es mi forma personal de escribir, de cantar y de hacer las cosas.” Bunbury.
 


Por Berto.

















viernes, 29 de diciembre de 2017

MEJORES DISCOS NACIONALES 2017

LOS MEJORES DISCOS NACIONALES DEL 2017
  LA LISTA ANUAL DE BERTO.



Como cada año os presentamos la lista de los 15 discos que para nuestro colaborador Berto han sido los mejores (o los que más ha escuchado) este año que está a punto de terminar. Pasen y lean, como siempre es variadito y para todos los gustos;




1.Exquirla. Para Quienes Aún Viven.

Si sumas poesía y música ya me has ganado. Pero es que además la suma de fuerzas del grupo de rock instrumental Toundra y del cantaor Francisco Contreras (más conocido como El Niño de Elche) no ha podido ser más demoledora. Podríamos hablar de un disco valiente pero la definición quedaría muy pobre. Conociendo un poco al Niño y a su repulsa por establecer límites en cuanto al arte se refiere lo mejor es escribir que este disco rezuma honestidad y compromiso por todos sus poros. Y sangre. Y dolor claro. Mucho dolor.
El proyecto se sustenta en los textos del extenso poemario La Marcha de Los 150.000.000, del valenciano Enrique Falcón.Todas las letras se extraen de sus versos (a veces retocados para la ocasión por el propio autor). Un monumental poema estructurado en 5 partes, un grito, una oración, un amargo quejido, una ostia considerable para todos los que aún vivimos y observamos cómodamente desde nuestro sofá el drama de los refugiados.
Me es imposible detenerme y analizar canción por canción. Recomiendo buscar las letras y escucharlas atentamente, desde Canción de E ( la única no cantada, recitada por el propio Falcón) hasta Europa Muda (imposible no temblar leyéndola ) pasando por genialidades como Un Hombre ( Con ese final directo al alma en el que los gritos de El Niño se fusionan con las guitarras del grupo). En ocasiones suave, las más de las veces brutal, según los versos lo requieran, Exquirla logra reflejar el espíritu de La Marcha de la manera más fiel posible. No es una escucha fácil, ni musical ni literariamente hablando, pero una vez dentro es imposible que el ambiente generado para la ocasión no se apodere de ti y te estremezca hasta dejarte sin aliento.
Al final, tanto el poema como el disco nacieron con ese propósito; Estremecer. Remover. Agitar. Concienciar. Perdurar. Vamos, lo que en realidad busca el artista al crear. Objetivo cumplido sobradamente. 


2.Angel Stanich. Antigua y Barbuda.

Confieso que hasta este disco no había hecho “el clic” que algunos necesitamos para dejarnos seducir por según que voces. Stanich es de aquellos artistas que chocan al principio, que incluso pueden crear repulsa ( fue mi caso) pero que una vez superado el rechazo inicial no puedes dejar de escucharles (Me vienen a la cabeza Bunbury o Miguel Angel Blanca de Manos de Topo, por ejemplo). Una vez encendido el interruptor en tu cabeza, ya no hay vuelta atrás; Antigua y Barbuda va a sonar en bucle. Sin duda estamos ante uno de los mejores letristas de este país: irónico, crítico, irreverente pero sobretodo original. Para abrir el disco empieza con un estribillo, qué coño, y encima con esta frase: “tu amor no arde, sólo escupe fuego”. Toma ya. Pero es que después de Más Se Perdió En Cuba llega Mátame Camión y ya te es imposible reprimir la sonrisa al escuchar “acaso hay un motivo por el que debe retractarme de este amor tan repentino por inmolarme”. Y venga a cantar Mátame Camión y a pensar en qué curva es la mejor para despeñarte durante todo el puto día. Contador de historias imposibles, se luce en Galicia Calidade  (por favor escúchate bien esa letra, qué maravilla) se sale en Un Día Épico (plagada de referencias cinematográficas, musicales y literarias) y lo borda en Hula Hula (bofetón al periodismo y a las apariencias en general, con ese “prefiero ser Bob Dylan a Manuel Campo Vidal” que ya es un himno). Camaradas es una bendita locura ( “ y en aquel nicho del fascismo hicimos el amor bajo un cuadro del caudillo, te pinté la tricolor…” JUAS!)  y Le tour 95, por ejemplo,  no hace sino aumentar la sensación de que estás escuchando a un artista en estado de gracia. Un disco redondo, sin ninguna canción floja o mediocre, no hay relleno, sólo talento y originalidad. Aunque a él se la pele lo que digamos, me da a mi que este tipo no tiene límites. Bendita Locura creadora.

 3.Ornamento Y Delito. El Glamour de Las Provincias.


Lo de por qué Ornamento y Delito no es un puto grupo de culto es algo que nunca entenderé. Cómo puede ser que siendo poseedor de rotundas obras maestras como El Espíritu Objetivo (2014) o Rompecabezas de Moda y Perfección Moral (2010) no tengan  la repercusión que se merecen es algo que me asombra y enfurece a partes iguales.
En este El Glamour de Las Provincias lo han vuelto a hacer. Otra vez.
Las guitarras suenan mejor que nunca, absolutamente claras y precisas al servicio de unas letras sobresalientes, enigmáticas, irónicas y siempre geniales. Me atrevo a decir que estamos ante un disco ecléctico en cuanto a temática aunque reflexivo principalmente, como se aprecia en Milton (“Lo vuelvo a añorar de corazón, y no sé qué echo de menos, si aquel lugar, si a ti o al que era entonces yo”) en Experiencia y pobreza ( “Cuarenta años de apostar a perder, arriésgate ahora a ganar por primera vez”), o en una de las más destacadas del lote, Soledad (“O no te acuerdas cuando caíste tan bajo que creías escuchar sirenas en la habitación y estabas solo, solo en soledad”) pero sobretodo en Hacia la Eternidad, su particular homenaje a Josetxo Ezpoda, líder del grupo Los Bichos, fallecido en 2013.
Por supuesto y como no podía ser de otra forma, aparece la crítica social en Canción Para Europa (“Recorre Europa un camión lleno de fantasmas…”)  o en la ácida La Mitad del Cielo. Pero si tuviera que destacar alguna por encima de las demás ese sitio corresponde a Red Bull. Aquí hay que detenerse y quitarse el sombrero ante G.G. Quintanilla y su maestría a la hora de crear esas imágenes tan poderosas con tan poca letra. Esa innata capacidad para hacer que con cuatro frases casi puedas verle la cara del tío que está describiendo es para tomar apuntes. (¿otro ejemplo? Asma. Escuchen y lean). Coño ya.



4.Nudozurdo. Voyeur Amateur.

Nudozurdo 100 x 100.  Temazos marca de la casa. Uno detrás de otro, desde Bondage Belcanto hasta Adaptación Coral. Después de Rojo Es Peligro (2015) y sus escarceos con las bases más electrónicas, los de Leo vuelven a lo que mejor saben hacer y nos regalan uno de los discos del año ( y quizá el mejor de su carrera) .
Hay letras enigmáticas, como acostumbran y muestran en Genocida Bilingüe, por ejemplo, perfectamente acompañada con esa guitarra que se arrastra como pide la canción, aunque bien es cierto que temas como el que da título al disco no dejan lugar a dudas: es un himno a la coherencia artística por encima de todo; “No me digas como lo tengo que hacer, quita tus manazas de este trozo de papel, ellos son los raros te lo puedo asegurar”.
Mención especial para una de las canciones del año, sin duda; Úrsula Hay Nieve en Casa, tanto por el texto ( frágil, sincero, abierto en canal y dispuesto a ser devorado por nuestro instinto caníbal)  como por la instrumental y deliciosa parte final. 

 5.La Bien Querida. Fuego.


Y con este me conquistó. Ya desde la primera, Dinamita, con ese “siento como si toda mi vida me hubiera estado conduciendo a este preciso momento”, logró captar toda mi atención. Pero es que acto seguido se marca ese 7 Días Juntos, pegadizo a más no poder y rematado con la adaptación en castellano de Dins un avió de paper, del propio Joan Miquel Oliver, y ya no puedes parar; Lo Veo Posible, Permanentemente, El Lado Bueno…
A parte de las colaboración de Joan Miquel en la ya citada 7 Días Juntos, destaca la de J en Recompensarte y la de La Estrella de David en La Pieza Que Me falta,  ambas magníficas, cada una de estilos muy marcados, la primera más folclórica, la segunda más electro.
Merece la pena prestar mucha atención a Fuerza Mayor. No te la pierdas, sólo guitarra y voz, una verdadera joya engarzada en un disco tremendamente adictivo, de esos que “te acompañan si estás triste y sale contigo si esta noche hay fiesta.”

 6. Julio De la Rosa. Hoy Se Celebra Todo


A cada disco que presenta, más personal y mejor. Julio De la Rosa está consiguiendo perfilar un estilo propio, genuino,  y ajeno a cualquier tipo de moda (algo muy difícil de imaginar hoy en día). Ese carácter anárquico impregna las canciones, dotándolas de un encanto rico en detalles por descubrir a cada nueva escucha. Ahí están Las Puertas, con esos coros marcianos, esos bucles como olas llenos de matices,  poesía hecha música, o la llamada a la renuncia de las tecnologías mal entendidas en Juegos de Mesa, con ese rotundo estribillo que exige piel por encima de cualquier distracción. (Creo que queda bastante claro).
Singular es también El desvarío de Un Superviviente, una curiosa historia de apariciones en la que Julio deja bien patente su dotes como escritor,  recitada bajo una base cíclica,  o el viaje sonoro que supone Oceanario, una preciosidad de canción para perderse una y otra vez y ni acordarte de volver.
Un disco que es un estilo en sí mismo y que nos deja con ganas de saber qué será  lo próximo.


7. Joan Miquel Oliver. Atlantis.

Joan Miquel Oliver es sinónimo de POP. Así, en mayúsculas. También de portadas horribles, si, pero ¿qué importa el continente cuando el contenido es tan perfecto? Porque empezar con ese Nins a Tobogans, seguir con Agricultors Ingràvids, Incident a Sa Pista Dos, Atlantis i Rumba del Temps es empezar o llegar a la mitad de un disco bordeando la matrícula de honor. Apoyado en su voz y entonación característica, y en ese mundo, ¡tan propio! plagado de toboganes, brontosaurios, agricultores ingrávidos , relojeros que se preguntan por qué el tiempo es relativo o simplemente de cosas (como canta en Disseny de Producte: as carrer hi ha molta gent,van a llocs i deixen coses) Atlantis nos demuestra ( o más bien nos viene a recordar) que Oliver es un maestro hilvanando situaciones extraordinarias , una detrás de otra,vestidas con guitarras acústicas o eléctricas, con bajos supersónicos o con bases electrónicas. Puede con todo y lo hace tremendo.  


8. Pablo Und Destruktion. Predación.

El asturiano sigue pariendo discos (a razón de uno por año sin contar directos) para enmarcar. Una voz singular como pocas dentro de nuestro panorama musical, libre y alternativa, y comprometida a su manera. Pablo canta con furia, muchas veces con retranca, como cuando dice aquello de que “ya no peleamos por la familia o por trabajo porque ni siquera tenemos”, y en su filosofía de vida se esconde la voluntad de volver a los orígenes, como cantaba en su Powder (Sangrín) o aquí en el pelotazo principal; Puro y Ligero. El problema, como él mismo explica, es que no nos dejan, hoy en día, no se puede; “Me arrepiento, me arrepiento, me arrepiento, de no usar mi odio como un buen soldado. Debería irme al Kurdistán a combatir y dejar este país de puticlubs, farlopa y jubilados.” Cuenta con una preciosa adaptación de la canción popular A La Mar Fui Por Naranjas y con varias referencias al Amor, pero a su manera ( “el amor adora la velocidad!” ) y con Conquistarías Europa o Herejes (¡cómo empieza!) quizá de las más destacables, nos deja claro que lo suyo va para largo porque de talento, capacidad y sobretodo actitud va más que sobrado. Grandérrimo Pablo.

 9. Ricardo Lezón. Esperanza.


El primer disco de Ricardo en solitario y sin Mcenroe tenía el listón muy alto. Después del maravilloso Rugen Las Flores (2015) y del disco a medias con The New Raemon, Lluvia y Truenos (2016), el nivel era altísimo, por eso nos alegra tanto ver que este Esperanza cumple con nuestras expectativas sobradamente. La poética sigue intacta en las letras, seguramente muy autobiográficas y más llenas de luz que nunca; “Cuando se terminan los conciertos/ vuelve el estruendo del silencio/ pienso muy despacio en lo que tengo/ pienso muy despacio en lo que quiero/ estás tú”canta en La Paz Salvaje. Hay detalles que lo muestran, como hacerse acompañar por su hija Jimena en los coros de Arena y Romero, seguramente una de las canciones del año.
Comparar con lo que hacía en Mcenroe es normal, pero tambien injusto. Los desarrollos instrumentales del grupo quedan aquí acotados, y Lezón se centra más en envolvernos con su voz agudizando esa sensación de paz, incluso provando cosas “nuevas” como los arreglos de viento en Chet Backer, otra maravilla.
Ábrete una buena botella de vino y enchúfate una buena dosis Esperanza anda. Ya tardas...


10. Neuman. Crashpad.

El cuarto disco de Neuman me ha sorprendido en una segunda escucha más sosegada y por supuesto atenta. Tanto, que en pocos días ha entrado en mi lista de favoritos del año. Ya es raro que lo haga un disco cantado en inglés, pero ante rotundas piezas pop rock como Gibberish o Dizzy, chutes de energía tan bien paridos como Marsha, canciones que no quieres que acaben como Deleted Files o piezas de alto voltaje sensible como Crashpad (con pájaros incluídos) o Quiet, se hace muy difícil no caer rendido a los pies del murciano. Un disco que habla sobretodo de la infancia y que por tanto supura melancolía de principio a fin,  un recorrido emocional extraordinariamente bien resuelto musicalmente y cantado con emoción. (difícil no encogerse con las palabras a su madre en el único pasaje cantado en castellano ). 



11. Maria Arnal i Marcel Bagés. 45 cerébros y un corazón.

El debut del año sin duda alguna. Las voz frágil y firme, según convenga,  de Maria nos habla de fosas comunes y del compromiso popular, rebuscando en el cajón del folclore y encontrando la fórmula perfecta, apoyada en la figura de Marcel Bagés y sus guitarras,  de presentar algo que nos suena conocido pero que en realidad está naciendo, una maravilla para los sentidos y sobretodo para los sentimientos. 


 12. Luis Brea y El Miedo. Usted Se Encuentra Aquí.

El madrileño vuelve a asombrar con un disco plagado de temazos con más gancho que Tyson; Nueva Generación o El Kraken son una buena muestra de ello, también la canción que da título al disco, pero si algo me gusta de Brea es su particular manera de cantar, como despreocupada, que brilla más que nunca y comulga perfectamente con la cadencia bolerística de Habanera, para mi gusto una de las mejores canciones del año.


 13. Joana Serrat. Dripping Springs.

¿Joana Serrat es de Vic? Quien lo diría...Después de escuchar este disco no darás crédito. Folk  y Americana al más alto nivel,  brumoso y ensoñador, para dejarse llevar de principio a fin y recrearte una y otra vez con los puntos de excelencia en los picos más altos como Trapped in the Fog o Candles.




14. Astralia. Solstice.

El grupo de post-rock de La Floresta, sin prisas y con muchos mimos,  graba, mezcla y produce su segundo disco y hacen que el tiempo se pare cada vez que los escuchas. ¿quieres viajar sin necesidad de drogas? Escucha Detachment y que tengas buen viaje: este año ninguna canción ha conseguido llevarme donde ellos lo han hecho. Escúchalos, búscalos, vale la pena hasta ver la portada del disco.


 15. Autumn Comets. Realejo.

Los madrileños utilizan el castellano en todo el disco y eso es una gran noticia al menos para mi ya que si antes me gustaban gracias a su estilo basado en los muros de guitarra y el contrapunto de la viola de Manu,  ahora se suman las letras  y el resultado es una delicia. Para muestra ese Viernes de Dolores con colaboración final de Lezón. No te la pierdas.